VIVA VERDI!

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Nacido en el seno de una familia muy modesta, tuvo la fortuna de contar desde fecha temprana con la protección de Antonio Barezzi, un comerciante de Busseto aficionado a la música que desde el primer momento creyó en sus dotes. Tras estudiar con Vincenzo Lavigna, quien le dio a conocer la música italiana del pasado y la alemana de la época, fue nombrado maestro de música de Busseto en 1836, el mismo año en que contrajo matrimonio con la hija de su protector, Margherita Barezzi.

El éxito que en 1839 obtuvo en Milán su primera ópera, Oberto, conte di San Bonifacio, le procuró un contrato con el prestigioso Teatro de la Scala. Sin embargo, el fracaso de su siguiente trabajo, Un giorno di regno, y, sobre todo, la muerte de su esposa y sus dos hijos, lo sumieron en una profunda depresión y, en su desespero, él juró no componer óperas nunca más.

Lo que lo hizo cambiar de opinión fue el libreto del antiguo Jews exiliado de su tierra natal. Verdi era un ardiente nacionalista quien anhelaba por una libre y unida Italia y vió a Jews como un símbolo de los italianos oprimidos. Nabucco, estrenada en la Scala en 1842, recibió una acogida triunfal, no sólo por los innegables valores de la música, sino también por sus connotaciones políticas, ya que en una Italia oprimida y dividida, el público se sintió identificado con el conflicto recreado en el drama.

En 1851, estrenó Rigoletto y, dos años más tarde, Il Trovatore y La Traviata, siendo consideradas sus primeras obras maestras. A partir de este momento compuso sólo aquello que deseaba componer. Su producción decreció en cuanto a número de obras, pero aumentó proporcionalmente en calidad. A pesar de que el público las amó, los críticos estaban frecuentemente escandalizados por el tema de la ópera pues ellos parecían condenar la violación, el suicidio y el amor libre. Pero Giuseppe era ferozmente independiente y vivió abiertamente con su segunda esposa por diez años antes de casarse con ella. Luego del éxito que le provocaron dichas obras y las cuales le hicieron rico, Verdi compró un estado en Busseto; y en 1861 fue elegido en el primer parlamento que se convocó luego de que Italia llegara a ser una nación. En 1871 escribió Aida, en 1887, Otello, y a la edad de setenta y nueve años, en 1893, su ópera final, Falstaff. Verdi no componía para la elite musical, sino que lo hacía para la masa pública cuyo principal entretenimiento era la ópera. Buscó temas que fueran originales, interesantes y pasionales; sobre todo pasionales. Casi todos sus maduros trabajos son serios y acaban infelizmente; ellos se mueven rápidamente e involucran a sentimientos extremos de odio, amor, celos y miedo; y su música poderosa subraya las dramáticas situaciones.

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